El impacto de la crisis no es igual para toda la población. Los niños y niñas son uno de los grupos más expuestos dadas sus características de dependencia económica, social, participativa, legal y política.

Ararteko-Defensoría del Pueblo del País Vasco nos planteó el reto de visibilizar de forma sintética el impacto de la crisis en la infancia.

Para ello se construyó un sistema de 58 indicadores que, desde la perspectiva de derechos y calidad de vida, tiene en cuenta distintas dimensiones (educación, salud, vivienda, familia, ocio y tiempo libre, etc.) y es capaz de describir la realidad actual a partir de una serie de datos estadísticos que, entre los disponibles, se consideraron más significativos  para dar cuenta de la situación del bienestar de la infancia y la adolescencia en la CAPV.

La construcción de estos sistemas para la monitorización de la situación a lo largo del tiempo requiere de un amplio conocimiento de las fuentes secundarias y las operaciones estadísticas oficiales existentes. Así como de seguir un proceso de sistematización adecuado para realizar la mejor selección posible en base a unos criterios determinados.

Constituyen una forma práctica de realizar un seguimiento de la situación a lo largo del tiempo a través de datos acotados al objeto de estudio, con posibilidad de comparativa, etc.

Más de 35.000 niños y niñas menores de 15 años (11,7%) viven en hogares que se encuentran en riesgo de no poder cubrir sus necesidades básicas y desde que comenzara la crisis hay un 2,6% más de menores en riesgo. La tasa de riesgo de pobreza es más alta para la población que vive en hogares donde hay menores y a mayor número de menores en el hogar, mayor riesgo de pobreza.

Algunos de los hogares con población infantil y adolescente están especialmente expuestos a la pobreza: hogares monoparentales, hogares encabezados por una persona de nacionalidad extranjera, hogares cuya persona principal tiene baja cualificación o es menor de 35 años.

Además, desde el comienzo de la crisis ha incrementado el porcentaje de hogares que llegan a fin de mes con dificultad,  que ha reducido gastos de primer a necesidad, que ha tenido que pedir dinero o que tiene problemas de impagos o atrasos con la vivienda.

Las carencias materiales posicionan a la infancia en una situación de desventaja y vulnerabilidad futura que puede afectar a su desarrollo educativo, social y laboral. Por ello, resulta clave tener en cuenta a la infancia en la toma de decisiones ante los retos a los que se enfrenta nuestra sociedad, no sólo por su propio desarrollo y bienestar, sino también por el de la sociedad en su conjunto, para quien el coste futuro puede ser realmente elevado.