Miradas

Imágen: Alex Carrascosa

Grace Requejo, Responsable de igualdad y Consultora de Fundación EDE, experta en género

El concepto de violencia contra las mujeres, es ya cada vez es más conocido, compartido e integrado en muchos de los discursos que se oyen en nuestras organizaciones. La violencia contra las mujeres es “todo acto de violencia basado en el sexo que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”, que es como la define Naciones Unidas.

También, entendemos que es una forma de discriminación y por consiguiente una violación de los derechos humanos. Y que es la manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre las mujeres y los hombres que se refleja  en la vida pública y privada. En este sentido, empezamos a conectar con que la violencia contra las mujeres es una de las consecuencias más extremas de la situación de desigualdad que se vive en nuestro sistema: responsabilidades de cuidado poco repartidas, sectores feminizados y mal remunerados, suelos pegajosos que limitan la movilidad profesional de las mujeres, brechas salariales, etc.

Somos conscientes,  de que la violencia contra las mujeres no está limitada a una cultura,  a una religión, a un grupo de mujeres dentro de una sociedad, a un país o a un continente determinado. Y que es particular y es también universal, pues no hay ninguna región del mundo, ningún país y ninguna cultura en que se haya logrado que las mujeres estén libres de violencia.

También escuchamos a menudo, muchos datos de las diferentes formas de violencia contra las mujeres que se dan en el mundo, como datos de violencia física y sexual, daño y abuso psicológico y emocional, el acoso sexual, la mutilación genital femenina, el abuso resultante de acusaciones de brujería y hechicería, los denominados asesinatos de mujeres y niñas por motivos de honor, la trata de mujeres y niñas, el infanticidio femenino, matrimonios forzosos de niñas y otras muchas más prácticas que sabemos. Datos que se nos ponen delante y nos remueven conciencias. Y sabemos que estos datos no dan cuenta de toda la dimensión del problema de la violencia contra las mujeres. Así que no muestran la realidad de aquellas mujeres que no se han acercado a las  instituciones: mujeres que no han denunciado o que hacen frente a la violencia por otras vías (apoyo familiar, amistades, comunidad, etc.)

En este marco, los diferentes organismos van desarrollando herramientas (leyes, declaraciones, acuerdos, protocolos, etc.), que cada vez intentan ser más acertadas con la erradicación de las violencias contra las mujeres y la atención a las víctimas. Actualmente, se está profundizando sobre el derecho a la reparación de las víctimas de violencia de género, siendo un derecho humano reconocido internacionalmente, con lo que ello conlleva. Y también, se van definiendo los retos a abordar en un futuro cercano, como nos muestra el anteproyecto de Ley de modificación de la Ley 4/2005 para la Igualdad de Mujeres y Hombres de la Comunidad Autónoma Vasca. Retos como, garantizar una visión compartida sobre la ubicación de la violencia contra las mujeres dentro del problema sistémico y universal de la desigualdad de mujeres y hombres, superar la centralidad de la denuncia y de la visión policial-judicial en las medidas de derechos de las víctimas integrar un enfoque interseccional, garantizando que toda víctima tenga una atención integral, gratuita y de calidad, independientemente de su situación personal, social y administrativa y, en particular, el de aquellas que se encuentran en una mayor situación de vulnerabilidad, entre otros retos.

En las entidades vamos dando pasos para entender e intentar abordar la violencia contra las mujeres en toda su dimensión, aportar a la mejora de los datos que nos llegan y sumarnos a los avances que se  dan desde los organismos anteriormente citados. En el conjunto de organizaciones de EDE, trabajamos firmemente desde hace más de 15 años para avanzar en la erradicación de la violencia contra las mujeres desde diferentes estrategias.

Por un lado, la estrategia se enfoca hacia la prevención y atención de situaciones de violencia machista a lo interno de la organización, y en este sentido:

  • se aprueba desde Dirección en 2011, un Código de conducta para prevenir y atender situaciones de acoso sexual y por razón de sexo, como la asesoría confidencial encargada de la recogida y tratamiento de las denuncias que se produzcan en el seno de las entidades que conforman EDE,
  • se realizan sesiones de difusión y presentación del código de conducta y del procedimiento de denuncia interna y se presenta en las acogidas,
  • se realiza formación dirigida a trabajadoras y trabajadores, en temas como autodefensa feminista, micromachismos, nuevas masculinidades, etc.
  • se realizan campañas de sensibilización dirigidas a toda la organización en torno al 25 de Noviembre, Día internacional de la violencia hacia las mujeres desde 2008, todos los años,
  • se crean grupos de hombres trabajadores para posicionarse y manifestarse contra la violencia hacia las mujeres.

También se han generado programas y servicios orientados a la captación y atención de mujeres en situación de violencia de género, a la prevención dirigida a adolescentes y jóvenes, o a la mejora de la empleabilidad de mujeres en el ámbito laboral, como el programa Emaktiva.

Pero, en el convencimiento de que la violencia contra las mujeres es consecuencia de la desigualdad estructural de nuestra sociedad heteropatriarcal, en el marco de nuestros Planes de igualdad y la Comisión Orekatuz (Comisión para la igualdad de Mujeres y hombres de EDE) se vienen desarrollado acciones, desde 2012 dirigidas a:

  • la formación y sensibilización en igualdad de mujeres y hombres de las personas que componen la organización,
  • el empoderamiento de las mujeres a través del desarrollo de competencias para el liderazgo y el correspondiente acceso a puestos de responsabilidad,
  • la comunicación interna y externa con criterios de igualdad,
  • la gestión de la conciliación corresponsable de la vida personal, familiar y laboral,
  • participar y compartir prácticas con redes de entidades que trabajan por la igualdad y contra la violencia hacia las mujeres (Red Bai Sarea, Emakumeok Bidean, Gizatea, etc.)
  • o, la incorporación de la perspectiva de género en nuestros proyectos, programas y servicios, entre otras.

La creación de la Consultoría de género, en Fundación EDE, también, ha permitido el desarrollo de la estrategia de igualdad en la entidad y en otras organizaciones públicas y privadas, apoyando en la elaboración e implementación de planes, procesos de intervención o colaboración interinstitucional, formación e investigación en el ámbito de la igualdad de mujeres y hombres e incorporación del enfoque feminista.

Como retos futuros nos planteamos, en seguir avanzando en que nuestros planes de igualdad y sus principios, sigan calando en la estrategia de la organización, en la innovación de programas y servicios en el ámbito de la igualdad y contra las violencias machistas o en la denuncia social junto con otras organizaciones del sector o de otros sectores. Y también no nos olvidamos de poner atención en aquellas expresiones de violencia más sutiles y socialmente menos visibles, en nuestro día a día de las organizaciones, que pueden ser comportamientos percibidos de baja intensidad, naturalizados, legitimados y ocultos y que sirven para que los hombres, aquellos con principios y valores machistas, más o menos conscientes, sigan ejerciendo su autoridad sobre las mujeres. Este uno de los mayores retos para nuestras organizaciones del sector, como la nuestra, que quieren avanzar para erradicar la violencia contra las mujeres y avanzar en la igualdad.

Grace Requejo

Responsable de igualdad y Consultora de Fundación EDE, experta en género

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